240. ENTREGA SORPRESA
Asiri volvió a escuchar la voz de Salvi, como si le estuviera dando una última oportunidad de detenerse. ¿Estaba segura? Se preguntó. Pero el calor del cuerpo del hombre, su olor, su miembro rozando sus partes íntimas, no la dejaban pensar con claridad. Una cosa era consolar, y otra muy distinta entregarse a él, pensó. Se había quitado la bata ella sola, se había expuesto a sus ojos. Se llenó de valor y continuó besándolo, volvió a escucharlo preguntarle.
— ¿Me deseas, As? Dilo y seguiremos.
El